Hace días que se nota el cambio de estación. La luz que entra por la ventana es más sutil y tenue, todos los colores se suavizan y el dorado de las hojas ya no está. Las ramas desnudas nos hablan de una frondosidad pasada. Ahora, el protagonista es el sol, que lo buscamos con ansia por el calor y optimismo que desprende.
Cuando me levanto por la mañana tengo la iniciativa de aprovechar las cortas horas de sol, y me digo que habrá tiempo para estar en casa. Me abrigo con capas y salgo a buscar a nuestra preciada estrella. El contraste entre las zonas sombrías de entre los edificios y el calor de los rayos de sol es enorme, es inevitable percibirlo. Y cuando entro en casa y es muy cálida y acogedora.
Gracias a los paseos que hago junto a la zona donde vivo he aprendido a calmarme y a valorar lo que me es familiar. Es curioso, hace unos meses deseaba salir de mi ciudad y recorrer kilómetros. Ahora prefiero lo que, en parte, me siento mío, que formo parte. Sin que me suponga un esfuerzo, puedo identificar cosas bonitas. Es ordinario en el buen sentido, es fácil, cómodo, conocido, seguro.
Ahora no entiendo porqué me ha costado tanto tiempo aprender a apreciar mi vida: mi familia, mi casa, mi ciudad. Lo cierto es que hasta que ni he empezado a ver cada una de estas cosas como una fortuna, no he podido empezar a aceptarme y quererme bien, incondicionalmente.
En mi caso creo que siempre me han mareado las redes sociales y el anhelo de una mejor vida mejor. No hay nada malo con tener sueños y objetivos, pero creo que necesitamos una base firme sobre la que construir nuestros castillos. Una base que debe basarse necesariamente en la verdad y la aprendizaje.
Los meses de frío invitan a volver a casa de forma especial. Tengo ganas de estar con mi familia y repetir las tradiciones de cada año. Y la luz invernal es tan nostálgica que me lleva a revivir momentos pasados de la infancia, en lugares y personas todavía presentes. Al final, ¿con qué realmente nos quedamos de la vida?
Luego, me refugio en casa.
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El lado suave del mundo.
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