Invierno y frío: Ralentizar el ritmo

Debido al frío repentino que ha llegado a mi ciudad y la cantidad de personas con gripe, virus y resfriados, he caído yo también. Llevo un par de días resfriada y, sobre todo por las noches, me he sentido realmente mal. He ido al médico y con un poco de medicación y una buena alimentación espero ir suavizando los síntomas. De hecho me han gustado mucho las recomendaciones que me ha hecho la enfermera acerca de la alimentación: frutas y verduras de temporada y proteína, cocinado al horno, hervido o a la plancha. Es de agradecer ir más allá de la medicación, entendiendo el cuerpo integralmente y los elementos de nuestro entorno como partícipes en nuestro bienestar y cuidado.

Estos días de cama y mantita me he parado a pensar en cómo de bien se está cuando uno está bien, cuando uno puede respirar bien, hablar sin toser, tragar sin dolor. 

Aún no ha empezado el invierno en mi región, pero se empiezan a sentir de una forma muy evidente el cambio de estación a la parte más fría del año.


Ritmo de vida acelerado

Si me siento en un banco de mi ciudad y me paro a observar el entorno me doy cuenta de que las personas llevan un ritmo de vida muy acelerado. Yo, por mucho que procuro centrarme en una vida lenta, la mayoría de días me siento arrastrada en este grupo. Ha llegado un punto que es como un talante general que se contagia y te estira a ir a esa rapidez y volumen de trabajo y compromisos.

Me imagino la vida de mis padres y abuelos cuando tenían mi edad. Me atrevo a afirmar que no tenían sus agendas llenas a cada hora ni sentían la obligación de ir al gimnasio, aprender un idioma, tener un segundo trabajo, quedar con amigos, ir a la estética… Y después llega el fin de semana lleno de compromisos. Mi abuela me dice que somos la generación de “las vacas gordas”, porque no nos ha faltado nada, hemos hecho caso a estudiar para conseguir todo lo que queramos. Entonces, nos hemos creído que esa es la forma de sentirnos llenos: sumando tareas, siendo productivos, consiguiendo objetivos. Nos dejamos una parte que aún hoy no sé explicar. 

Quizás es el ritmo de la ciudad o quizás es el ritmo de las personas jóvenes. A veces me pregunto por qué hago tantas cosas y por qué no reservo más tardes para estar tranquila y hacer cualquier cosa que me guste sin ser un compromiso y sin tener un objetivo más allá de probar y pasarlo bien.

Creo que nos estamos perdiendo la parte más importante: moverse por la vida con gracia y serenidad, pudiendo darnos cuenta y absorber los instantes más sencillos y mágicos.


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El lado suave del mundo.

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