Cuando adoptamos un estilo de vida lento empezamos a prestar atención y aceptar la estación interna en la que nos encontramos.
Seamos conscientes o no, cada fase de la vida sigue unos ritmos. Hay etapas en las que nos invade una ola de creatividad, otras de concentración, aburrimiento o productividad. No es que tengamos buenas rachas y malas rachas, sino que el cuerpo y la mente pasan por diferentes períodos. Por eso, podemos sentir que a lo largo de los años seguimos ciertos patrones que se mueven de forma circular, casi repetitivamente. Seguro que sabemos todos qué pasa cuando no respetamos estos períodos: ansiedad, estancamiento, desmotivación… porque estamos pidiendo al cuerpo y a la mente algo que no tiene la energía necesaria para llevarlo a cabo.
A día de hoy no me atrevo a definir las estaciones que vivimos internamente, porque desconozco si lo que vivo yo es una experiencia compartida con todos o no, si cambian en función de la edad o personalidad de cada uno. Ahora bien, creo que universalmente experimentamos períodos en los que nos sentimos más activos y creativos que otros y, como consecuencia de ello, nos damos cuenta de que nos es imposible permanecer en función productiva como si fuéramos una máquina.
Por eso me gusta fijarme en la naturaleza. Esto no significa que, si en el exterior es invierno, mi ritmo interno deba ser necesariamente de pausa, recogimiento o reflexión. Lo que quiero decir es que la naturaleza, además de tener un ritmo que nos influye, nos ofrece pistas sobre cómo afrontar cada estación interna. De la misma forma que en febrero nos deliramos con las fresas más dulces, entender las estaciones nos puede ayudar a situarnos mejor y aprovechar sus beneficios.
¿Cómo estoy viviendo el invierno a nivel creativo?
El principio de enero, como dejé entrever en la entrada anterior al blog, lo pasé con una posición pasiva, de escucha, de meditación y contemplación. Es lo que necesitaba y, en este caso, sí se correspondía con los días de invierno de la naturaleza. Veía el cielo gris, con lluvias aquí y allá, la temperatura bajita y el ritmo de la flora y la fauna pausado. Sin juicios, abracé la necesidad interna de recogerme y decidí confiar en el proceso interno e invisible. Lo que no sabía es que detrás de la oscuridad de mis ojos cerrados y la firmeza de mi cuerpo sobre la tierra, se empezaba a crear un fuego, una idea, un proyecto.
"La posición del artista es humilde. Él es esencialmente un canal." -Pier Mondrian
"Apártate del camino. Deja que (la creatividad) trabaje a través de ti." -Julia Cameron
Todo esto fue mi día a día, mi período, hasta hace unos días.
Recientemente he pasado un fin de semana intenso. Como decía, después de días meditando y estando en una posición más pasiva y de escucha, me ha venido una idea que puede cambiar el rumbo de mi vida y me llena de ilusión y energía. Pero lo que ahora me pide el cuerpo es germinar la idea dentro de mí. Todavía no es momento de hacer cambios, compartirla, ponerla en práctica… Me apetece cuidarla dentro de mí como si fuera una pequeña y delicada semilla, observarla, conocerla, crearla, soñarla, jugar con ella por medio de la escritura y la meditación.
A menudo nos es incómodo el momento de hacer crecer una idea internamente, porque pensamos que es perder el tiempo y quisiéramos pasar directamente a la acción. Siempre que me encuentro ante este período, pienso en las reflexiones de Julia Cameron en el libro El camino del artista (1992), donde explica que parte del problema viene del miedo a la intimidad con uno mismo (fear of self-intimacy). La autora asegura que, como si fuéramos cartógrafos de la creatividad, mapear nuestro mundo interior es un paso imprescindible: sin este proceso, los sueños quedan en tierra incógnita y las ideas se vuelven difíciles de descifrar.
Más adelante, quizás en otra estación interna, empezaré a planificar la acción y compartiré la idea tan bonita que he tenido con otras personas. Con suerte, será bien recibida y más personas querrán participar en el proyecto.
Mi proceso creativo de este invierno resumido:
Escuchar el cuerpo → Soltar los juicios → Confiar → Dejar que venga la creatividad → Nutrir y germinar la idea dentro de mí
Fijarme en la naturaleza y en cómo evoluciona con el paso de los días me da paz. En su volatilidad encuentro un reflejo que me ayuda a entender que todo cambia. La versión de mí más energética, soñadora, sociable y creativa también da paso a otra más reservada, reflexiva y realista, a la que, con el tiempo, le sigue una nueva yo.
>> Mencionado:
- Cameron, Julia. (1992). El camino del artista: Un curso de descubrimiento y rescate de tu propia creatividad
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