El mes anterior cumplí 25 años🤎
Entre la dulzura de las celebraciones, deseos y recuerdos, pienso en los consejos y aprendizajes que han tenido un mayor impacto en mí durante estos últimos años, unos años determinantes.
Cada uno de nosotros tiene una forma de ser que se va construyendo poco a poco, desde la infancia hasta la edad adulta. Sin darnos cuenta, adoptamos inercias que nos definen y nos dan pistas de lo que queremos y de lo que no. Sin embargo, somos parte de un todo; una sociedad que tiene unos valores y una filosofía marcados tanto por su historia a lo largo del tiempo como por la actualidad.
Si miro atrás, puedo afirmar que lo que ha guiado mi paso de la adolescencia a la vida adulta ha sido la práctica reflexiva: me he detenido a pensar en el significado de las cosas, en cómo soy y en cómo me relaciono con el mundo. Pero, sobre todo, me he preguntado a menudo quién quiero ser y qué quiero hacer con mi vida. Con esa mirada, puedo destilar cinco aprendizajes que han sido clave.
1- Una base firme y auténtica construida a partir de la autoconciencia
Una base firme y auténtica es fruto de comprender quiénes somos, hacia dónde vamos y por qué vamos hacia allí. Pensar, criticar, reflexionar no es malo, no es una practica individualista ni aislada ni es algo reservado para cuando nos encontramos en plena crisis existencial. Es un ejercicio recurrentemente necesario y, no nos engañemos, a menudo incómodo, aunque podemos decidir verlo como un acto de amor en el que nos hacemos responsables de nosotros mismos.
La joventud es el momento perfecto para esclarecer una identidad, una misión, unos valores. Luego, ese autoconocimiento se convierte en un recordatorio silencioso que nos impide perdernos. Así, cuando tengas que tomar una decisión, revisa tu base y pregúntate “¿Me está acercando a la vida que quiero?”.
2- Definir mi propio éxito y actuar de modo que me sienta orgullosa de mí
Desde pequeños, a través de conversaciones, comentarios, observaciones y la exposición natural al entorno (películas, canciones, famosos…) vamos construyendo una definición de éxito que rige las decisiones que iremos tomando a medida que nos hacemos mayores e independientes. Sin embargo, en realidad, existen tantas definiciones de qué es una vida exitosa como personas hay en el mundo. No se trata de poner un umbral muy alto, buscar respuestas fuera de nosotros ni anhelar videas de otros, más bien se trata de ver qué ya estamos haciendo, qué tipo de vida nos gustaría vivir y priorizar aquello que damos importancia.
Cuando tenemos claro lo que es para nosotros el éxito, es más fácil tomar responsabilidad de nuestra vida. Lo hacemos trabajando en uno mismo para conseguir actuar de una manera que nos haga sentir orgullosos de la persona que somos, con autorrespeto y valentía (Elizabeth Clapés, Hasta que te caigas bien).
3- Confiar en el camino que vamos trazando
Soy una persona que tiende más a pensar en el futuro que en el pasado, lo que significa que a veces me invade la ansiedad, una preocupación excesiva por lo que todavía no es. A través del yoga y la meditación he encontrado una práctica espiritual que me permite liberar un poco esa carga. Cada uno escoge y define su espiritualidad –Dios, el universo, el destino…–, pero es importante que nos brinde oprimismo, esperanza, complacencia y serenidad.
Para mí, esta práctica no es más que una rutina y una serie de herramientas que me ayudan a sentirme calmada y arraigada en mi vida y en el mundo. Recurro a ella porque sé que me es muy fácil dispersarme, entrar en ciclos ansiosos y perder de vista lo que es realmente importante para mí y que me hace sernir realizada, orgullosa y en buen camino.
4- La vida lenta y la importancia de darse cuenta de las pequeñas cosas
Adriana Tudorache, en Slow Living for Modern Women, explica que la ciencia avala la existencia de un «nivel base» de felicidad –un estado emocional al que volvemos de forma natural después de los altibajos temporales. Un 50% de ese estado viene determinado por los genes y un 10% por factores externos; pero lo sorprendente es que el 40% restante depende de nuestros hábitos diarios y de nuestra actitud general hacia la vida.
«La práctica diaria del slowliving -seguir los ritmos de las estaciones, apreciar lo que ya forma parte de nuestra vida, cultivar hábitos que nos aporten paz y practicar la gratitud- nos proporciona una sensación de estabilidad que, con el tiempo, se convierte en satisfacción». Adriana Tudorache
La lentitud nos lleva a apreciar las sutilezas más bonitas del día a día, de lo que nos rodea. Nunca hemos necesitado grandes viajes y eventos, grandes joyas y vestidos. Sólo necesitamos ralentizar el ritmo hasta poder darnos cuenta de que estamos vivos y apreciar las cosas increíbles que ocurren en nuestro entorno.
5- Construir a partir de hábitos y proyectos
Tener una base, una visión y una práctica espiritual nos alinean mentalmente con la vida que queremos; los hábitos nos llevan a materializarlos. Al principio, puede parecernos aterrador enfrentarnos a la incomodidad de ciertas situaciones, a la disciplina y a empezar desde abajo de todo, pero acabaremos normalizando esta forma de actuar y nos acabará resultando natural. Recuerda: actúa de forma que te sientas orgulloso de ti mismo.
He querido incluir el concepto de «proyecto» porque me parece una forma muy interesante de llevar a cabo un objetivo, ya que supone una estructura flexible y a la vez estable que tiene un inicio y un final. Nos lleva a cumplir un objetivo, algo parecido a lo que ahora se ha puesto de moda: el currículum personal. Algunos de los proyectos que he desarrollado y que pueden servir de ejemplo: crear un estilo de ropa que me guste, investigar el ciclo menstrual de las mujeres y publicar un blog. Sencillamente, han sido algunos de los logros que me han demostrado que somos, en gran parte, lo que decidimos construir día a día.
Nos leemos,
El lado suave del mundo x 🤎

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