Miro atrás y veo la versión de mí que apenas empezaba a tocar de puntillas las primeras influencias que me llevarían al slow living. Hacía demasiado tiempo que vivir conectada frente a una pantalla era mi normalidad. Y no es que hiciera nada interesante, simplemente consumía y agotaba las impresiones en internet de vidas de otros. YouTube, Instagram, Pinterest, me atrapaban.
Veo aquella época, no con rabia ni arrepentimiento, con compasión. Comprendo que esa chica necesitaba ver un abanico de posibilidades para decidir qué quería para ella. No sabía cuáles eran sus intereses, habilidades e inclinaciones naturales. Y, en vez de probarlo por sí misma, prefirió hacer una degustación a través de vidas de otros. Esto me abrió la puerta hacia la conciencia y la reflexión, hasta llegar a hoy.
De esa chica enganchada a vidas de otros han pasado varios años. Me siento más madura y estable. Uno de los cambios que me hacen sentir más arraigada es saber apreciar lo pequeño, que normalmente son los más bonitos.
Hoy comparto contigo algunas de las cosas más sencillas de la vida analógica (es decir, que se viven fuera de los entornos digitales) que me hacen sentir bien, que me hacen feliz. Verás que muy probablemente ninguna de ellas será una gran sorpresa. Más bien, son actividades típicas y tópicas, pero te invito a que pares a pensar por qué deben ser tan recurrentes (hablamos de esto al final de la publicación).
1. Pasear un domingo por la naturaleza
Caminar, sencillamente, me cura el corazón. Para mí es una forma de meditar. Empezar a hacer camino a cada paso, ser yo y el entorno, detenerme a mirar, y terminar la ruta. Cuando estoy presente en un sitio tranquilo y precioso como es la naturaleza, conectas con algo muy biológico y trascendental. La naturaleza nos lo pone fácil para apreciar las pequeñas cosas: un rayo de sol que se cuela entre las hojas, una mariquita haciendo camino sobre una piedra, dos gorriones volando de lado, las primeras flores de la primavera.
¡Y si paseas un domingo ya es otra experiencia! La palabra el domingo debía salir sí o sí en este escrito, porque tiene una energía totalmente distinta al resto de días de la semana. Se respira calma, cuidado, alegría, ligereza. Si el domingo fuera una persona estoy convencida de que sería una mujer.
2. Hacer fotos bonitas e inspiradoras
Ni mucho menos soy experta en naturaleza, y menos en fotografía. Lo que sí es una pasión mía es documentar y tomar fotos es una forma preciosa de hacerlo. Es un hobbie que nos obliga a prestar atención a los detalles de un preciso momento. Debemos detenernos y jugar con el móvil o la cámara hasta encontrar una representación bonita de lo que vemos. Muy a menudo, me sorprendo al darme cuenta de que una fotografía guarda mucho más que una imagen, y en ella se encuentra adherida una sensación, una conversación, un pensamiento, una canción.
3. Cocinar y probar delicias saludables
Es muy bonito salir a probar restaurantes y cafeterías y deleitarnos con pastas, carnes, pastelitos. Ahora bien, ¡no puedo no mencionar el placer de preparar a mi gusto mis propios platos! Desde ir a hacer la compra hasta cocinarlo, los vivo como momentos que me arraigan en el presente y tengo la satisfacción de crear con mis manos. También, personalmente, me encanta el reto de encontrar versiones saludables de mis platos favoritos y platos del repertorio tradicional, sobre todo de los dulces más golosos. Sustituir el azúcar, reducir la mantequilla, incluir fruta. Últimamente, mis dulces preferidos han sido el banana bread y las cookies con harina de avena y manzana.
Por último, ¡claro que tengo que mencionar el placer de probar y compartir las comidas!
4. Leer y escribir con la luz de una vela
Soy de las personas que siempre tienen un TBR, una lista de libros por leer, y siempre tengo un par de lecturas iniciadas para mantener una chispa lectora activa. Como punto infalible de mi rutina, mi momento favorito para leer es antes de dormir. Con la compañía de una vela, infusión y buen libro, mi habitación se transforma en el lugar más acogedor del mundo, que da pie a transportarme a nuevos mundos.
Otro de mis placeres que combina a la perfección con una infusión y una vela es escribir: ideas, pensamientos, planes, recuerdos… Principalmente, me sirve para despejar y dar espacio a mi mente.
5. Crear: manualidades, pintar y hacer journaling
Busca tu forma de crear que te permita fluir durante un rato. Para mí, fluir significa poder estar concentrada en una tarea con tranquilidad y dejándome llevar por el proceso creativo. Ya sea cocinar, dibujar, escribir…, lo que quieras, ¡pero disfrútalo!
Si necesitas un poco de inspiración, hace unos meses intenté hacer uno de esos cuadernos de pintar por adultos y ¡me está gustando mucho! También he vuelto a hacer pulseras de bolitas e hilos (ahora que hace buen tiempo son un complemento ideal) y he estado decorando mi diario con páginas que me inspiran (una lista de deseos, una lista de música…).
6. Disfrutar del autocuidado sin prisa
¿Sabes ese momento de la noche en el que te preparas para ir a la cama? Te pones el pijama, te aprietas los dientes, haces tu riutal del skincare. Seguro que muchos días lo haces deprisa, como si llegaras tarde a la cama. Intenta hacerlo poco a poco, como si estuvieras cuidando a un bebé. La experiencia cambia y, de repente, te sientes cuidada, lo disfrutas y te relajas más.
7. Mover el cuerpo grácilmente: el yoga y el baile
Aparte de caminar por la naturaleza, creo que realizar actividades como el yoga o el baile nos abren a conectar con nuestro cuerpo de una manera muy bonita. Nos damos cuenta de cómo podemos llegar a mover el cuerpo en posturas y movimientos preciosos. Si deseas algo que te ayude a sentirte arraigada prueba una secuencia de yoga, ¡si quieres explorarte libremente pone una música que te guste y déjate llevar!
Unas últimas palabras
En la introducción de la publicación te invitaba a pensar en por qué nos invaden los típicos cuando hablamos de actividades que pueden hacernos sentir más lentas. Mi opinión es que nos piden atención plena y que sólo podemos realizarlas como hobbie si realmente las disfrutamos, no como un producto final o un proceso que deba documentarse y compartirse con otros, sino como algo nuestro. Como una actividad de recogimiento.
"El hábito de buscar la belleza es una práctica pequeña pero radical. ¿Qué me deleita en el mundo? La alegría no es egoísta, es el requisito previo para aportar la versió más amable, compasiva y desinteresada de uno mismo." – Women Living Deliciously, Florence Given
Esta primavera date el placer de hacer una degustación y ver cómo te hace sentir.
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El lado suave del mundo🤎

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